sábado, 20 de agosto de 2011

Despertar.

Silencio en la habitación. Una densa negrura cubre todo en tanto que sus ojos comienzan a enfocarse.

Sin dudarlo este había sido el peor despertar que en años había tenido. Mi cuerpo era un amasijo de músculos desvencijados, el sabor a sangre inundaba mi boca.

-¿Y bien?- Preguntó molesta una voz desde las sombras -¿Quién eres tú?-

Si algo había aprendido en la vida era a reconocer una situación peligrosa -¿Qué quién soy?- Reí, aparentando toda la seguridad que en ese momento me faltaba. Claro que aquella falta de seguridad no era totalmente por lo que cualquiera pudiera suponer. –Yo soy solo la persona equivocada. La pregunta aquí es ¿quién eres tú y que es lo que quieres?-

-Vaya vaya- Respondió burlonamente el hombre al tiempo que caminaba para salir de las sombras. –Yo soy, quién decide si vives o mueres; nadie más que ese- Estas últimas palabras las había pronunciado casi susurrando, con una corrosividad que quemaba el aire que las acompañaba.

-¿Y qué te hace pensar que podrás hacerlo?- Lo mire sin titubeos, olvidando por un momento el papel de torturado que me tocaba interpretar. -¿Desde cuándo la mierda muerde?-Respondí despectivamente más por costumbre que por convicción.

-¡Insolente!-Gritó el hombre. Lo siguiente que sentí fue un gran puño como mazo cerrándose sobre mi rostro. – No eres más que otra rata traidora- El frío del acero contra mi frente mando una descarga eléctrica por mi espalda. Lo que contrario a lo que parece, solo era una forma de despertarme. – Que lástima que ya no serás un problema-

La sangre escurría por mi boca -¡Anda!, ¡mátame!- Lo reté – ¡Veamos si puedes hacerlo perro!-

Mientras el clic de su arma sonaba, un silencio artificial inundo la habitación. Pronto todo atisbo de valentía en su rostro había desaparecido, mientras una ráfaga consecutiva de disparos moría en lo que parecía ser el viento.

-Ya te había dicho que yo no soy al que buscas- Respondió aquel desconocido que minutos antes se había fingido torturado.

El silencioso andar de sus pasos al dar la media vuelta, fue el último sonido que desapareció de aquella habitación, amortiguando el lento caer del hombre que antes se ocultaba en las sombras.

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