Era de tarde cuando paso... la lluvia caía y ella salia a su encuentro. Mojaba suavemente su rostro, resbalando cada gota por su cabello y la comisura de sus labios. Sonreía. Sonreía ya no solo con los labios y con los ojos, sonreía con las partes que había olvidado.
No había más que temer, tenia de nuevo el corazón que le habían robado, el alma que había perdido.
Y como le habían dicho que pasaría, una gota recorrió sus labios regalandole el beso que hacia tanto anhelaba.
Nada había de extraño en ello. Ese momento siempre había sido para ella, siempre le habia pertenecido y por fin lo aceptaba.
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