miércoles, 17 de marzo de 2010

Ayeres

Y encerrada en su mutismo, totalmente sola pretendia continuar. Continuar con el espíritu vacio de una vida elegida falsamente.
Sin embargo, en su interior sabia que todavia existia aquel fuego vivaz que aun en las peores tempestades se había negado a morir. Aquel fuego que aunque ella no quisiera la impulsaba sordamente a gritos a buscar un cambio, a despertar de la ensoñación en la que perpetuamente había permanecido.
Pero como en toda gran historia épica nada era tan simple pues en su único interior, las dos partes que la formaban se carcomían las entrañas en una guerra en la que ninguna saldría vencedora, pues al final, como el hielo y el fuego ninguna lograría sofocar a la otra, siempre terminarían mezclandose.

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